Parroquias de Gijón

Deva pierde el título y gana admiradores

La que ahora es una de las parroquias preferidas por los gijoneses para el descanso fue antaño propiedad en su mayoría del Conde de Revillagigedo

NOTICIA DE AIDA COLLADO15/07/2010
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Deva pierde el título y gana admiradores

De izquierda a derecha, Enrique Solar, José Manuel Suárez, Gonzalo Meana y Roberto Álvarez Solar, con la capilla de Peñafrancia al fondo. :: JOAQUÍN PAÑEDA

Hay quien dice que casi toda Deva fue antaño propiedad del Conde de Revillagigedo y que sus descendientes aún hoy conservan numerosas tierras y posesiones en la parroquia.

Quienes defienden esta verdad -tan absoluta que nunca antes nadie había cuestionado-, están en condiciones de mostrar documentos que avalan sus palabras. Todas las pruebas les dan la razón. Aunque no la lleven. No del todo. Porque al margen o en contra de lo que los títulos de propiedad arguyen, Deva siempre ha pertenecido a mucha gente. La tierra, que no el papel, ya era de hombres como 'Pedrín de Sidro', Eleuterio El Maestro o Don Nicasio, el cura, mucho antes de que el Conde se decidiese a parcelar sus terrenos para venderlos. 

No fue hasta la década de los años 70 cuando los colonos pudieron empezar a comprar la tierra que habían trabajado, en ocasiones, durante generaciones. Hasta entonces, la mayoría había trabajado para el conde, ayudando sin saberlo a alargar la vida de un sistema anacrónico, herido de muerte desde hacía décadas. Pero totalmente alejados de los estudios sociales, los hombres se dejaban la vida en llevar a casa su jornal de 4 pesetas diarias.

Todos los que trabajaban fuera de la parroquia, en la Fábrica de Tabacos o la del Gas, sabían lo que era una buena caminata diaria. Y más de una vez las jugarretas del destino hicieron a los vecinos llevarse las manos a la cabeza; como ocurrió con un hombre «cuya casa estaba junto a la carretera. Cada día iba caminando hasta La Guía. Allí, cogía el tranvía a Langreo para llegar al trabajo. Todos los días lo mismo, ida y vuelta. Una y otra vez. Hasta que se jubiló. Murió a los tres días».

Quitar terrenos
A los vecinos de Deva les costó hacerse con lo que moralmente ya consideraban suyo. Enrique Solar recuerda cómo, durante el cambio, «a mi padre quisieron quitarle todo el terreno que llevaba, unos 50 días de gües (62.500 metros cuadrados). El conde le propuso, ya en 1981, darle la casa en que vivía y unos 2.000 metros cuadrados de terreno». Al final, lo que acordó con la mayoría fue dejarles la casa y la mitad del terreno que 'llevaban' hasta entonces, a cambio de dejar libre la otra mitad para venderla.

Aún así, la gente de Deva guarda un gran cariño por los antepasados de quien ahora ostenta el título del Conde de Revillagigedo, menos unido al día a día de la parroquia que su padre y abuelo. «Recuerdo cómo mi güelu contaba que el conde cuando iba a cazar codornices con los perros a La Rionda le pedía permiso para pasar, porque era él quien llevaba el terreno. Le decía que sí, por supuesto, y luego, volvía a pasar por allí para enseñarle lo que había cazado y le decía: 'Pedrín, escoge una'», cuenta Enrique. Todos recuerdan «la cercanía y buena relación que había con la gente de aquí».

Eran los tiempos en que Enrique y José Manuel Suárez salían corriendo del colegio para pescar truchas con la mano en el río Peñafrancia. «Supongo que a lo largo de mi vida pescaría más de 5.000 truches. Dábaseme muy bien, aunque no tien mucho mérito. Son tontes del todo», se quita importancia el primero. José Manuel no tenía tanta maña, aunque aún recuerda una trucha que pescó Enrique en el lavaderu y «superaría el kilo de peso. Estaba atontada de todo lo que había comido. No la abarcaba».

Porque donde ahora luce un cartel que advierte de que el agua no es potable, antes se reunían todas las mujeres que iban a por agua a la única fuente que había en la parroquia, la del lavaderu. «Todas las vacas iban a beber allí y muchas casas contaban con pozos que recogían el agua de las lluvias», aclaran. «Antes, una canal de agua llegaba a través de lo que ahora es la senda hasta el Molín de Roberto. La taparon cuando hicieron la senda, que no molesta a nadie y sirve para que todo esté más arreglado».

Pero Deva comenzó a hacerse popular entre los demás gijoneses cuando «en tiempos del alcalde Cecilio Olivier Sobera, hicieron el pozo cerca del Chabolu. Empezaron a achicar agua desde allí para llevarla a Gijón y secaron el río. Vinieron en pie de guerra las mujeres de la parroquia, que lavaban para toda la ciudad, y casi matan a los operarios», comentan entre carcajadas. Eran los años 50 y el mito de El Chabolu comenzaba a formarse. «No nos preguntes de dónde vien el mote, porque él llamábase Germán y el bar, La Farola», avisan los vecinos.

Sus bromas fueron antológicas y, según algunos parroquianos, «la peor que le podías gastar era pedirle una ficha para el teléfono, porque por aquel entonces sólo había uno en todo Deva y lo pusieron en otro merendero, Casa Yoli». El Chabolu ayudó, como otros muchos, a convertir un 'jardín' en una aldea. Sin él, sin el humor con el que mandaba a paseo a quien intentaba hacerle de rabiar, la historia de Deva habría sido otra.
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