Asociación de vecinos Virgen de la Soledad

Con la mirada puesta en la mar

Pescadores se forjó con un vecindario gremial en el que todas las familias vivían de las capturas de los hombres en alta mar

NOTICIA DE JESÚS ESCUDERO08/09/2010
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Con la mirada puesta en la mar

De izquierda a derecha, Amado Crespo, Rita Rendueles (presidenta), Marisol Maneiro, María Asunción Merino, Conchita Granda, Víctor Méndez, José Gabriel Fernández, Aurora Sánchez y Ángeles Suárez. :: LUIS SEVILLA

La gente marinera no puede vivir sin ver el mar todos los días, ya sea para comprobar su estado y saber si pueden salir a faenar, o en el caso de los familiares, observar el azul marino y recordar a los que se encuentran en alta mar.

De esta forma, las familias del barrio de Pescadores pasaban los días desde su privilegiada posición en la ladera de un monte cercano a El Musel, una situación estratégica elegida por el Instituto Social de la Marina para levantar el vecindario en 1959. A esta zona de la parroquia de Jove se desplazaron familias de Gijón, Candás, Luanco, Lastres y Cudillero unidas por la vida marinera y el desempeño del arte de la pesca.

Desde un primer momento, las familias fomentaron un sentimiento de conciencia social labrado en las numerosas horas de espera a la llegada de los pescadores de alta mar. «Como por aquel entonces no había centro social, nos reuníamos al aire libre y hablábamos de todo. La conversación se daba en la calle y comentábamos nuestras necesidades y las labores de nuestros maridos», señala la presidenta de la asociación de vecinos Virgen de la Soledad, Rita Rendueles. De esos tiempos, las dirigentes vecinales más veteranas recuerdan la incertidumbre que reinaba en el barrio en los días de temporal y tormenta, con sus maridos en alta mar.

Gracias a las capturas y a la venta de pescado, la familias de Pescadores pudieron costear las 6.200 pesetas de 1959 por cada vivienda, a lo que debían sumar las 250 pesetas mensuales de renta durante los primeros veinte años, una cantidad que se rebajó a las 125 a partir de 1979. De aquellos primeros años del vecindario, los dirigentes vecinales recuerdan que «se trataba de un barrio muy pobre, que apenas contaba con una carretera y un mal alumbrado. Además, teníamos que bajar a las cercanías de El Musel para coger agua».

Sin relevo generacional
Con el paso de los años, la zona fue mejorando y adecuándose a los nuevos tiempos. Así, entre el Instituto Social de la Marina y el Ayuntamiento se arregló la carretera y las calles y la mejora del alumbrado público. Pero a medida que los servicios y las infraestructuras de Pescadores iban mejorando, se perdía otro aspecto muy importante para las familias: el arte de la pesca. «La gente mayor dejó de faenar, mientras los jóvenes no querían dedicarse a la pesca. A esto hay que añadirle que en el puerto se fueron perdiendo las embarcaciones pesqueras», constata Rita Rendueles.

A pesar de haberse mermado esta profesión, la unidad forjada no se ha resentido con la llegada de los nuevos vecinos, quienes han otorgado a Pescadores una nueva perspectiva, aunque siempre con la mar como telón de fondo. «Es verdad que antes estábamos más unidos porque todas las familias pertenecíamos al mismo gremio, pero la llegada de los nuevos vecinos no se nota mucho. Simplemente echas de menos a la gente pescadora que conociste», incide la portavoz vecinal, al tiempo que elogia la actitud de los nuevos residentes al involucrarse en la actividad de la asociación. «La gente que viene a vivir a Pescadores participa mucho. En cierta forma, la función del movimiento vecinal es atraerla», subraya.

Reforma del centro social
Desde su constitución en 1988, la asociación Virgen de la Soledad ha obtenido la mayoría de sus demandas, la primera de ellas la transformación de las antiguas escuelas de Pescadores en un centro social. «La planta inferior estaba inutilizable, por lo que la cofradía de pescadores decidió arreglarlo íntegramente», recuerda Rita Rendueles. De esta forma, las antiguas conversaciones en la calle con la mirada puesta en la mar se trasladaron al nuevo edificio público del barrio.

Animada por este logro, la asociación de vecinos siguió luchando por la mejora de los servicios y las infraestructuras hasta el punto de que Pescadores carece de grandes problemas en estos momentos. «Tenemos mucha paciencia porque la mejora de los servicios lleva mucho tiempo. Ahora lo que estamos pidiendo lo estamos consiguiendo», concluye Rita Rendueles.
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