Parroquias de Gijón

Vega, dos vidas para la misma parroquia

La Camocha se convirtió desde la puesta en marcha de la mina, hace 75 años, en el nucleo de Vega, absorviendo parte de su identidad agraria

NOTICIA DE AIDA COLLADO23/12/2010
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Vega, dos vidas para la misma parroquia

Javier Polvorosa, Sergio Fano, Armando Riestra, Marcelino Riestra y Nicolás Ordiales, ante el templo parroquial. :: LUIS SEVILLA

«Durante mucho tiempo, fuera había más, pero en el interior de la mina de La Camocha, sólo trabajaba yo como nativo de Vega. Hablo de los años 50», cuenta Marcelino Riestra.

Cualquiera diría que el pozo minero y el poblado que nació a su alrededor crecieron con un buen impermeable puesto, sin permitir que la vida de la parroquia en la que estaban situados llegase a calar del todo en ellos. Los vecinos de Vega, los de toda la vida, apenas compartían costumbres o espacio con los que llegaron a sacar carbón y acabaron cimentando su vida alrededor del pozo. La mayoría nunca se acercaba al poblado que acabó teniendo más servicios de lo que cualquier parroquia de la zona rural podría desear. De este modo, los habitantes de barrios como La Piquiella o Paniceres continuaron con su vida, ligada a la agricultura, aún cuando la industria les azotaba hasta el paisaje.

«¡Ahora esto ye como una ciudad! Pero antes de que existiese el Centro de Salud de Vega, sólo había un médico en la mina de La Camocha. Campo de fútbol, tenis, bolera, polideportivo, gimnasio, centro cultural, centro de mayores, la piscina que están terminando... Todo ha cambiado mucho», reconocen. 

Aún así, la parroquia continúa albergando dos formas de vivir distintas. Y Marcelino conoce ambas. «Recuerdo cuando se mató un minero, que llegó un aviso a los sacristanes para que tocásemos las campanas de la iglesia de Vega al difunto. Yo tendría 14 años y, como era primo de los monaguillos, lo hice. Vivíamos a un kilómetro de la mina y, con 20 años, empecé a trabajar allí», narra sin hacer ningún esfuerzo de memoria. Quién se lo iba a decir: «Allí estuve trabajando 36 años y ya llevo otros 36 trabajando aquí en Vega, dedicado a la agricultura y la ganadería». Entonces, cuentan los vecinos, se trabajaba con afición. ¿Y cómo se consigue? «Como va a ser, faela la necesidad».

La Moncloa y el Vaticano
También a la hora de divertirse o culturizarse tomaban caminos diferentes. Los vecinos de La Camocha se reunían en 'La Moncloa', un espacio soleado, triangular y al aire libre que acogía los más variados debates y tertulias. Se divertían en el campo de fútbol 'El Roble', iban al mercado y disfrutaban de todo lo que había florecido alrededor de las viviendas del Grupo Felgueroso. 

Los de 'la otra zona', por su parte, organizaban obras de teatro (antes y después de la Guerra Civil), a fin de recaudar fondos para la fiesta del pueblo u organizar un viaje a Covadonga. Todo esto se desarrollaba en un centro cultural que, hasta 1936, alegraba la vida de los parroquianos con la música de su piano y la biblioteca. El ateneo se encontraba al lado del edificio que años más tarde acogería el Cine Astur. Como en gran parte de la zona rural de Gijón, la iglesia no sobrevivió a la contienda y este espacio pasó a convertirse en una capilla. Antes había sido un cuartel y, más tiempo atrás, un llagar. La capilla se convirtió después en cine y con el paso de los años se reinventó como el almacén de vinos Fano.

Hace tan sólo 20 años, en La Camocha pedían la reconversión de las antiguas escuelas en un centro social para mayores, un segundo barrendero, un pediatra y mejor alumbrado. «Pero eso era lo que querían en 'la zona urbana'; aquí, en la rural, por poner un ejemplo, nunca hubo barrendero. Nosotros todos esos servicios ni los olíamos», insisten.

Sin embargo, algunos hombres se hicieron famosos en toda la parroquia. Sin excepción de barrios. Es el caso de Pepe 'El Zapatero', de La Camocha. En su local se desarrollaba, recuerdan aún, una gran labor cultural con los jóvenes. La zapatería, donde era habitual ver partidas de ajedrez, se convirtió en un auténtico laboratorio de inquietudes para todos. «Era un gran paisano. La zapatería era un sitiu de reunión para la gente del poblado, pero muchos aprendieron a hacer algo allí. Llevaba a los chavales de excursión al campo», destaca Javier Polvorosa.

De la misma fama gozaba uno de los primeros mineros, 'Sindón', «que era el que bautizaba todo y ponía motes». Al barrio de los empleados se le llamó La Camocha, «pero al de arriba, en el que vivían los jefes, se le comenzó a llamar El Vaticano. Ante las quejas de algunos, Sindón propuso otro: 'Nido de víboras'. Prefirieron el primero, claro. Sindón siempre supo mucho de política».

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