El cura que llegó a Serín «por equivocación»

Los vecinos rendirán homenaje el próximo 7 de agosto a Honorino Tesier por los 50 años que lleva al frente de la parroquia

NOTICIA DE DAVID NORIEGA19/07/2011
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El cura que llegó a Serín «por equivocación»

Don Honorino, frente a la iglesia parroquial de Serín en la que lleva 50 años. :: PALOMA UCHA

La llegada del actual párroco de Serín supuso una reforma en la iglesia.

Don Honorino Tesier fue recibido en la parroquia gijonesa el 4 de agosto de 1961. Procedía de la parroquia de San Román, en Candamo, y como recuerda él mismo, su nombramiento fue pontificio, es decir, «tuvo que venir desde Roma». En la pared del templo cuelga el nombramiento en latín -y su copia en castellano, para que puedan leerla los feligreses- que Don Honorino muestra con orgullo.

También cuenta que su llegada fue «una especie de equivocación». Por aquel entonces, sólo había en Serín 110 vecinos, pero la puesta en marcha de UNINSA, y el impulso siderúrgico que conllevaba, hizo pensar en un aumento de la población a imagen de lo que había sucedido en Avilés con ENSIDESA.

La iglesia tenía poca capacidad y, en palabras del sacerdote, «se llenaba con cualquier acontecimiento», lo que hacía que mucha gente se viera obligada a seguir la liturgia desde fuera del templo. Eso llevó a que «nos lanzáramos a una ampliación de la iglesia». La placa de piedra que se puede ver en el pórtico indica la inauguración de la ampliación: el 30 de abril de 1966. Sin embargo, poco después «llegó la realidad». Y esa realidad no fue otra que las expropiaciones de UNINSA -que obligaron a muchos vecinos a abandonar la parroquia- y a continuación, las de la autopista 'Y', cuyo trazado dividió el pueblo.

La casa parroquial también fue expropiada, en 1972, por 1.800.000 pesetas que «no eran nada, aún de aquella», comenta Don Honorino. Así que el párroco se vio obligado a realizar más obras. Adosada a la ampliación de la iglesia construyó la nueva casa, «gracias a las aportaciones de los vecinos».

Han pasado 50 años desde aquel agosto de 1961. Medio siglo de actividad parroquial que ha dado para mucho y que sus feligreses quieren festejar en un homenaje que tendrá lugar el próximo 7 de agosto.

La mayor parte de los vecinos, que han vivido la historia de Serín con Don Honorino, lo definen como «un buen párroco» que siempre «miró por la iglesia y por el pueblo». Una vecina dice de él que «es un sacerdote muy a la antigua, pero muy buen cura». Pasó «toda la vida subido a los tejados arreglando goteras mientras la edad se lo permitió». A las puertas de la iglesia, un hombre limpia los alrededores y las murias. «Hasta hace poco, eso lo hacía él». Por eso, lo alaban por tener las inmediaciones de la iglesia y la casa parroquial impecables, sin una mala hierba, y el cementerio, «que parece un jardín».

En cincuenta años, Don Honorino cuenta que el pueblo, a pesar de ser «una parroquia pura de aldea, en la que no hay un movimiento muy grande», ha sufrido «un cambio tremendo». Cuando él llegó, Serín estaba «prácticamente incomunicado». Solo contaba con un ferrocarril y las carreteras a Gijón y Oviedo «eran de piedra». A pesar de todo, había más espíritu parroquial. Para que los jóvenes, que no podían ir a ningún sitio, se entretuviesen los domingos por la tarde implantaron el cine parroquial.

Don Honorino lamenta que ahora la sociedad sea «muy complicada» y que «interesa pertenecer a un movimiento político antes que a uno religioso porque la Iglesia no tiene ningún poder».

En los últimos tiempos, se han construido en la parroquia «diez o doce viviendas» pero los nuevos vecinos -actualmente hay ochenta- no aparecen por la iglesia. Un fin de semana normalmente acuden a las liturgias entre cuarenta y cincuenta feligreses.

Lamenta también que los jóvenes tengan «escasez de vocación». Sin embargo, él -que es, junto a Don Pío, en San Julián de Somió, de los pocos curas que llevan 50 años al frente de la misma parroquia- asegura que está «muy a gusto» en Serín gracias a un grupo de feligreses que son «los que mantienen viva la iglesia». Y advierte: «Mientras aguante así, seguiremos».

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